Poner en relación lo que se lee con lo que se escucha, la experiencia vital, todos los fragmentos de discurso que nos hablan la cabeza, todo el tiempo.
"Prision sex" se llama una canción de Tool.
Un video tremendo, y la opresión del sexo, la prisión sexual, el sexo como prisión. Leí en estos días a Bodrillard (Baudrillard devenido bodrio retórico que pide dos días de paciencia) y cuando logré escarbar más allá de su retórica lacaniana-marxista, me encontré con algunas ideas muy buenas. La liberación sexual, por ejemplo, es un fraude. Bueno, lo sabemos pero él trata de escarbar en las motivaciones psicológicas de ese consenso en una sexualidad que de liberada no tiene un corno. Esas minas en pelotas por todos lados, basta pararse en el kiosco de la esquina para ver kilos de carne, ¿qué me vienen a decir de liberación sexual, diría Baudrillard? ¿Es liberación que el cuerpo de la mujer se haya vuelto un falo envuelto en celofán? Nada de imperfecciones, nada de pelos ni arrugas ni marcas ni agujeritos oscuros, una piel lisita como la de un pene. Si hay una manera interesante de pensar a la mujer en el colmo de la opresividad machista es volverla una segunda piel, un cuerpo que ni desnudo está desnudo, puros orificios tapados por miedo a la castración (las vaginas dentadas de los mitos precolombinos siempre dice Galeano) Y el cuerpo de la mujer, marcado por la moda-significante, vuelto signo de un mismo significado, siempre, la sexualidad (como si los cuerpos solo fueran coitos posibles, nada más) cuyo equivalente es el Falo, como el dinero es el equivalente general de los bienes en nuestras sociedades capitalistas, en el lugar del valor trabajo y el de uso solo el de cambio.
Bueno, entonces en la canción de Tool, no se trata tanto de chicas como de abuso sexual de niños, sodomía en la voz del sodomita. Si el sexo ahora es narcisista, el hombre se busca a sí mismo en todos lados, la mujer es fálica, el niño es liso y tierno, fetiche de la madre (y se sabe lo que pasa más tarde con el niño fetiche de la madre, se vuelve perverso fetichista él mismo: lo que me hacen es lo que después aprendí a hacer, dice la letra de Tool).
Y las mil un formas de hacer del sexo, el real y el simbolizado, una cárcel. Porque eso es más o menos lo que tienen en común la canción de Tool, lo de Bodri, las revistas de minas en pelotas y una lista de etcéteras.